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Intihuatana

El intihuatana se encuentra en una de las explanadas del Templo de las Tres Ventanas en Machu Picchu, es uno de los mayores misterios de la cultura incáica. Diariamente centenares de turistas sienten la energía que emana de este monumento de piedra semejante a un obelisco en miniatura que parece concentrar toda la fuerza telúrica de la ciudadela de Machu Picchu.

Se cuenta que el Intihuatana lo utilizaban para amarrar al Sol ya que era su padre y su Dios y no querían que se fuera; o, quizás, sólo pretendían alargar el día y estirar las horas de luz, para trabajar más horas en el campo abriendo surcos en los valles fértiles o cultivando los frutos de la mamapacha (madre Tierra).
Así lo cuentan los hombres andinos desde Abancay (la tierra del Dios que habla) hasta las cumbres del Huascarán (el nevado más alto del Perú) al narrar esta vieja leyenda surgida en tiempos prehispánicos, cuando el mundo andino era dominada por el Inca.

Se le atribuía el crecimiento de los cultivos y era el padre de Manco Capac y Mama Ocllo, los fundadores del imperio, por esa razón se levantaron numerosos templos y santuarios para adorarlo.
Aún hoy, la leyenda del Intihuatana se recuerda en tierras cordilleranas. La narran decenas, cientos, quizás miles de hombres de todas las razas y naciones indígenas, quienes describen extraños monolitos que servían de "estacas" para el astro.
Se cree que una de estas "estacas", está localizada en la explanada del Templo de las Tres Ventanas de Machu Picchu, la colosal ciudadela inca protegida por el Inti o Sol, el dios todopoderoso que hasta 1911 - año en el que llegó el norteamericano Hiram Bingham - se dio maña para evitar las pisadas intrusas de los hombres de occidente.

Intihuatana es el nombre de este peculiar obelisco. ¿Es sólo una coincidencia?, ¿una inocente homonimia? o ¿se trata de uno de los lugares en donde los incas pretendían amarrar al sol, tal como lo cuentan los hombres del ande, al narrar la vieja leyenda?
Más allá de las especulaciones, lo cierto es que el monolito atrae la admiración de los turistas que recorren el complejo arqueológico más visitado del Perú. Ellos posan sus manos o recuestan su frente en la irregular escultura, sintiendo una extraña energía, una inexplicable fuerza que emerge de cada una de sus cuatro aristas.

Dónde irradia lo inexplicable

El Intihuatana está tallado en una mole de granito. Tiene forma de prisma y sus cuatro vértices señalan los puntos cardinales. El obelisco ocupa un área total de 8 metros con 60 centímetros y está localizado en una pequeña explanada, al costado del templo de las Tres Ventanas, un observatorio Inca de la ciudadela de Machupicchu.

Un cúmulo de interrogantes rodean a la extraña escultura. Su origen y su finalidad todavía están cubiertos por el misterioso velo de la historia, aunque algunos investigadores sostienen que fue un adoratorio donde se "amarraba al Sol", para que nunca dejara de brillar, pues, si su luz se extinguía, se acabaría la vida en las alturas. Sería el final de sus hijos.
También hay quienes dicen que el Intihuatana era un reloj solar. El tiempo y las estaciones del año se calculaban de acuerdo a las sombras proyectadas por el sol, al posar sus rayos sobre la escultura de granito.

Otros ven en él una señal de los seres del espacio, una huella de los extraterrestres que, de vez en cuando, se dignan visitar la tierra. En fin, incógnitas que le añaden un halo de misterio.
No hay respuestas inapelables. La única certeza es que en el Intihuatana la energía fluye libremente, envolviendo a todos los visitantes, quienes, por simple curiosidad o en búsqueda de renovación espiritual, ascienden los 78 escalones de piedra labrada que conducen a la "estaca", donde los Hijos del Sol pretendían amarrar a su padre y a su Dios. Así, nunca dejaría de brillar en su fastuoso imperio.


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