Ollantaytambo guarda entre muchas cosas, el secreto de dos leyendas: La de Tunupa y la del General Ollanta.
En la primera, se habla de un mensajero de los dioses que llegó al pueblo mucho antes de la creación del Imperio Incaico, vestido de mendigo y con apariencia de tener muchos años encima. Al llegar fue bien recibido por los moradores del lugar, especialmente por su Curaca o Jefe quien le rindió todos los honores.
Agradeciendo esto, Tunupa le regaló el báculo con el cual viajaba. Dice la leyenda que al nacer el hijo del Curaca, el báculo se convirtió en oro. El primogénito al cual llamaron Manco Capac, salió de Ollantaytambo llevándolo en su mano y al hundirlo en una montaña cercana al Cusco (el Huanacauri) decidió fundar el Imperio de los Incas y hacer ahí su capital o ciudad más importante. La segunda, nos habla de un General del Imperio que enamorado de la hija del Inca Pachacutec, decide raptarla y así casarse con ella.
El Inca, al tratar de recuperar a su hija de las manos de este aguerrido General, sitia Ollantaytambo y luego de 10 años de arduas batallas permite el casamiento al reconocer el gran amor que sentía Cusi Coyllor, su hija, por el General Ollanta. Se dice que de este General provendría el nombre del pueblo.
Tiene igual misión que Wirakhocha. Magnifica su poder con actos que maravillan a grandes y pequeños. Por eso lo llaman Taápaj, hijo del creador. A su paso, cede la naturaleza y sus plantas dejan huellas en la roca; aves de hermoso aspecto presiden sus pasos; navega en las aguas del Lago sobre su manto tendido; traza caracteres, como de escritura, sobre la roca. Algunos hombres malos tratan de quemarlo vivo, pero él sale tranquilo e ileso de entre las llamas de la hoguera ...... Hasta que por fin, se pierde en el Lago Sagrado, adonde los malos lo echaron amarrado. Más, se sorprenden al ver que la figura de una joven hermosísima guía su balsa y llegando al límite del Lago, abre una senda formando un río que sigue su curso hasta perderse en el lejano horizonte.
Leyenda del origen del Inca del Dios Tunupa
Una vez viajaba Tunupa. Se encontró con el Laykha que estaba durmiendo en medio
río.
–Qué haces?, le dijo. Vámonos, más bien. Ya no robes tanto.
Se fueron. Llegaron a una casa. La dueña le dijo que con la llamita nomás se mantenía.
Tunupa robó a la llama.
Layka se dijo “Este es más ladrón que yo”.
Vieron venir a un niño. Tunupa lo asustó y lo hizo caer.
Laykha le dijo:
–Por qué has asesinado a ese niño?
–Porque estaba yendo a robar.
Llegaron a otra casa. Les alojó la dueña con mucho cariño. Les mostró una ollita y les
dijo que con ella solamente se mantenía.
Tunupa robo la olla.
Laykha dijo para si que Tunupa era más ladrón que el.
Llegaron a una gran estancia y el dueño los botó. Y Tunupa le regaló la olla y la llama.
Laykha le dijo:
–No eres Tunupa. Eres más ladrón que yo! Y por qué le has regalado todo a ese
hombre malo? Y por qué has robado a esas buenas mujeres?
–Porque la dueña de la llama y de la olla, han hablado de la llama y de la olla nomás, y
no de sus dioses.
El Lahka le dijo:
–Has asesinado al niño; has robado al pobre y has regalado al rico!
–Tunupa le contestó:
–Mira la estancia! La estancia se levantó al aire y desapareció, lo mismo que Tunupa.
Laykha se desmayó.